Universitat de Barcelona

Instituto de Formación Continua

Cultivar el universo emocional en expansión para construir mejores organizaciones.

30.10.2015

Mediante la comprensión de cómo se estructura e interacciona el complejo universo de las emociones humanas, el director del postgrado en Inteligencia Emocional, Rafael Bisquerra, el divulgador Eduard Punset y el estudio PalauGea, han elaborado un mapa gráfico de 307 emociones con la intención de ayudar a cambiar dinámicas en el interior de la empresa y en el ámbito personal.

La clave radica en ir contra corriente de la propia naturaleza humana centrada en las emociones negativas.
 
¿Cuántas emociones somos capaces de escribir en tres minutos? Y si tuviésemos tiempo ilimitado, ¿cuántas podríamos identificar? ¿Cuántas son las emociones realmente existentes? Con este aparente sencillo desafío, el profesor Rafael Bisquerra abrió la sesión dedicada al Universo de las Emociones organizada por el Máster en Inteligencia Emocional en las Organizaciones y Coaching en el Entorno Laboral del Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona, el IL3-UB.
 
Mientras que en el primer minuto los más de 120 participantes conseguían hilvanar un sustantivo emocional tras otro, a medida que avanzaba el tiempo, estos se iban agotando. Finalmente, la media de emociones identificadas fue entre 13 y 17 emociones, lejos de las 307 identificadas por el proyecto “El universo de las emociones”, una iniciativa realizada en colaboración con Rafael Bisquerra, el divulgador Eduard Punset y el estudio PalauGea.
 
 “Las emociones existen para ayudar a adaptarnos al entorno. Todas son necesarias: no existen emociones buenas o malas, simplemente son positivas si provocan bienestar o negativas si son capaces de llevarnos a un estado de malestar”, advirtió Bisquerra. Bajo esta premisa, el mapa organiza las emociones en forma de galaxias: tres negativas, situadas en la parte inferior de la composición, y tres positivas en la parte superior, todas ellas rodeadas de otras emociones directamente relacionadas con la principal. Estos ecosistemas conviven, además, con cinco cometas: emociones capaces de pertenecer a una u otra galaxia según el contexto donde se sitúen.
 
Galaxias, constelaciones y ley de la gravedad
 
Con una hipersensibilidad humana a lo negativo, el miedo se considera la primera de las emociones. La segunda es reacción directa de la primera: la ira. La tercera, como consecuencia de las dos anteriores, corresponde a la tristeza. Alrededor de cada una existen otras tantas emociones, las que gravitando alrededor de la emoción principal conforman una galaxia. Y estas tres galaxias son una constelación que, haciendo un símil con las leyes de la astronomía, son capaces de atrapar a cualquier ser humano en su fuerza gravitacional provocándole malestar.
 
Al contrario se encuentra la constelación positiva que se inaugura con la alegría, la cuarta de las emociones y la última de las consideradas básicas. A continuación y en quinto lugar le sigue el amor, una emoción que, tal y como explica Bisquerra, “para vivirla es imprescindible cultivarla”. Es lo que él llama “galaxias en expansión”, emociones que se han de trabajar y que para experimentarlas obligan al ser humano a ir contra su propia naturaleza, más tendente a probar las negativas ya que están directamente relacionadas con su capacidad de supervivencia. La felicidad es la última de las emociones positivas, considerada también en expansión.
 
Existen otras emociones fuera de estas galaxias que se pasean como cometas: pueden pertenecer indistintamente a una u otra según el contexto y, generalmente, en su vertiente negativa afloran de manera natural y en la positiva son complejas de construir. Ejemplos de ellas son la sorpresa o la pasión.
 
Complementan este particular universo las galaxias de las emociones sociales aquellas que se construyen con las otras, como la vergüenza, una experiencia que sentimos cuando experimentamos miedo a ser juzgados por los demás; las emociones estéticas que nos acercan al amor y a la felicidad, pero que es imprescindible educarlas; y otras microgalaxias irregulares como el asco o la ansiedad, antes relacionadas con comportamientos de supervivencia –el asco para protegerse de alimentos en mal estado, la ansiedad como una derivación del miedo considerado un mecanismo de alerta ante un peligro inminente– pero hoy alejadas de su origen y en constante evolución según el contexto.
 
La aplicabilidad del “Universo de las emociones” en el entorno laboral y personal radica en la comprensión que se tiene de cada una de las fuerzas que se generan entre galaxias y en la capacidad de cada persona para impulsar las situadas en la parte superior del mapa, las positivas. “El universo en expansión, que se relaciona con actitudes y valores, es fundamental trabajarlo. La clave está en ser capaces de pasar de las emociones naturales, las negativas, a las del nivel superior para construir sociedades, empresas y organizaciones con inteligencia emocional”, afirmó Bisquerra. En ese sentido, pese a que es incierto cuál es la emoción más preponderante en la empresa –“depende de muchos factores: de las emociones colectivas, del contagio emocional, de la cultura corporativa”lo que sí es un hecho es que es posible cambiar las dinámicas emocionales en la empresa apostando de forma decidida por el universo en expansión.
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