Universitat de Barcelona

Instituto de Formación Continua

Neuroliderazgo, la manera de construir equipos de alto rendimiento.

02.06.2015

Muchas de las reacciones humanas que hacen difícil alcanzar el éxito del trabajo en equipo son la herencia de un desarrollo cerebral que en un inicio estuvo marcado por comportamientos impulsivos y de supervivencia.

Muchas de las reacciones humanas que hacen difícil alcanzar el éxito del trabajo en equipo son la herencia de un desarrollo cerebral que en un inicio estuvo marcado por comportamientos impulsivos y de supervivencia. Conocer, entender y gestionar estas actitudes para conseguir conectar con el otro, y a partir de ahí sincronizar esfuerzos para alcanzar metas comunes, es una de las  aportaciones que el neuroliderazgo hace hoy al mundo profesional.

Una sesión para liberarse de prejuicios, comprender al otro y conectar. Así fue la cuarta de las keynote sessions celebrada en el Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona, el IL3-UB, esta vez “neuroliderada” por Marta Ligioiz, médica, neurobióloga del comportamiento y coach profesional.

Los 60 profesionales participantes se involucraron de manera activa en el descubrimiento de los mecanismos que motivan los comportamientos y actitudes que las personas tienen en sus entornos laborales y personales. “Basta con mirar la empresa de mayor éxito del mundo, el cuerpo humano, para entender cómo funciona la excelencia: el vínculo y una perfecta sincronización de funciones en la que cada célula cumple con su misión, sin sentirse más o menos que la otra, para conseguir un objetivo tan ambicioso como es el vivir”,comentó la experta.

Partiendo de esa premisa, la coordinación de las partes, la sesión comenzó a adentrarse en los diferentes procesos que impulsan u obstaculizan el trabajo en equipo, siempre con la participación activa de todos los asistentes.

Una primera consideración tiene que ver con la misma evolución del cerebro humano. Desarrollado en etapas consecutivas que se corresponden a “estructuras orgánicas y funcionales”, en sí integra un “cerebro basal, llamado a menudo de reptil”, que comprende el tronco cerebral y que es el responsable de comportamientos impulsivos (reflejos) más cercanos a las reacciones básicas de supervivencia; un “cerebro de mamífero”, que engloba el sistema límbico y que sobre el anterior incorpora la experiencia emocional para interpretar la realidad con mayor número de opciones de respuestas, y según el contexto de cada momento; y por último la “corteza cerebral”, que representa un salto cualitativo en el desarrollo de este órgano aportando una capacidad de aprendizaje y análisis capaz de ejercer una gestión sobre el comportamiento en sinergia con los “otros” cerebros.

La realidad es que, siglos después de este proceso de evolución, el ser humano aún conserva reacciones primarias propias del cerebro de reptil y mamífero (muy importantes para nuestra supervivencia) que suelen manifestarse sin intervención del raciocinio o corteza, provocando comportamientos igualmente primarios en los otros que se sienten “amenazados”. Territorialidad, sentimiento de manada, impulsividad agresividad, defensa, huida, evitación, contagio emocional o danza de lucha de poder son reacciones que dificultan la respuesta en el otro e impiden el desarrollo de equipos de alto rendimiento: “Entender estos comportamientos y ampliar nuestra capacidad de respuesta, salir de ellos entrega perspectiva, nos hace más flexibles y nos permite conectar con el otro”, comentó Ligioiz.

Desde el momento en que se produce esa conexión, es fundamental facilitar las dinámicas para impulsar la máxima sincronización en el grupo. Fomentar el vínculo, la cooperación integral, la comunicación efectiva e instantánea junto con la flexibilidad son algunas de las claves del éxito en este proceso. La felicidad y el factor humano son, también, elementos determinantes para potenciar las habilidades de los miembros de un equipo. “Basta con pensar en uno mismo cuando es feliz: todo es más sencillo, nos sentimos enérgicos, capaces y motivados”. Así lo han entendido organizaciones innovadoras como Mobivery, Vygon, OpenEnglish o Vortex, que ya cuentan con un “Responsable de felicidad” en sus estructuras con el objetivo de motivar y canalizar las inquietudes de los empleados.

Derivado de esta actitud, el cambio de visión de “trabajar en una función” para “participar en la misión” es otra de las cuestiones que ayuda a consolidar el modelo de alta eficiencia, ya que es capaz de activar los mecanismos de la pasión en cada uno de los miembros del equipo. “La neurociencia tiene mucho que aportar al crecimiento de las organizaciones. Ayuda a estimular la conexión y la complicidad en las personas potenciando al máximo sus capacidades y minimizando sus actitudes más primarias”, concluyó la experta.
 
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