Joan Rull Camps. Ex-alumno del Máster en Psicología Forense y Criminal

Tras realizar el Máster en Psicología Forense y Criminal de la UB·IL3, empecé a trabajar como psicólogo (counselling primero y terapia después) con agresores (género, sexual y violencia en general). Actualmente hago tratamiento a agressores de género des del sector público (Fundación Ires) a la vez que ofrezco mis servicios como terapeuta privado

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¿Por qué me enfado?

28 noviembre 2012

Para entender por qué las personas nos enfadamos y si nos enfadamos mucho nos ponemos agresivas, hay que tener en cuenta que como cualquier hecho humano es complejo, y desde la perspectiva de la psicología siempre tenemos en cuenta que aquello que una persona siente, piensa y hace es bajo su propio control. Para empezar dedicaré el presente artículo a definir los diferentes componentes que contempla la psicología como a participantes en la conducta agresiva y violenta, es decir emociones implicadas, tipos de pensamientos facilitadores y conductas objetivamente violentas.

Las emociones implicadas en la conducta agresiva:

  1. Emociones y sentimientos “negativos”: Se les llama así por qué nos provocan un malestar, así mismo lo que realmente ocurre es que hay cosas que nos hacen sentir mal o que no nos gustan, y las emociones nos alertan de que estos estímulos están presentes.
  2. Fisiología de la ira y la rabia: Como cualquier otra emoción tienen un origen físico, que sirve como activación de un patrón de respuesta, este hecho nos permite detectar y hacernos conscientes de nuestro estado emocional por las propias sensaciones físicas. Así pues el estado emocional es conocido y detectable de manera subjetiva, así que depende de nosotros mismos poder cambiar esta sensación desagradable.
  3. Conocimiento y control de las emociones: La reacción emocional como se puede ver es una respuesta fisiológica y sensorial multicausal, pero también es subjetiva por lo tanto cada uno de nosotros somos quienes mejor podemos conocer nuestras propias emociones, pero es necesario estar atento ya que generalmente no somos conscientes de ellas hasta que estas son muy exageradas y nos resulta más difícil contener la respuesta conductual a través de una búsqueda activa de una solución.

Pensamientos automáticos y pensamientos facilitadores de la conducta agresiva:

  1. Pensamiento automático asociado a una emoción: Cuando alguna cosa no es como nos gustaría que fuera, nos molesta, nos hace sentir impotentes, etc. Una respuesta cognitiva automática es la de pensar en negativo, pensar que el mundo es injusto, que alguien nos quiere hacer daño, etc. Este pensamiento nos acaba por obcecar en el problema y a magnificar el mismo, haciendo crecer a su vez la magnitud de la emoción “negativa”, hasta el punto de que podemos llegar a perder el control de nuestra respuesta conductual.
  2. Pensamiento horizontal vs. pensamiento vertical: Esta diferenciación hace referencia a que a menudo antes de actuar dejamos la actuación al nivel de las ideas antes de convertir un pensamiento en conducta. Así el pensamiento horizontal nos puede servir para buscar alternativas (soluciones) valorando las posibles consecuencias de nuestra actuación, cuando seleccionamos la actuación más adecuada para pasar a la acción, este pensamiento seleccionado se convierte pues en vertical. Una actuación inmediata frente a un estímulo también es pensamiento vertical; eso no es siempre negativo, ya que hay situaciones en las que somos expertos o que son automáticas (por ejemplo: bajar el volumen del televisor cuando suena el teléfono).
  3. Pensamiento alternativo: Nos sirve para rebajar la tensión emocional que ha provocado un pensamiento automático que ha incrementado la misma emoción negativa. Nos ha de permitir sentirnos más calmados, bien porque nos aporta una solución, bien porque nos hace ver la situación como menos negativa (relativizar).

Conductas agresivas:

  1. Conductas asociadas al pensamiento y a la emoción: Toda conducta (hablar es una conducta) lleva asociadas unas ideas y unas emociones, que son congruentes. Es a decir un estado emocional negativo, llevará a un pensamiento negativo y por lo tanto una conducta negativa para nosotros mismos y para nuestro entorno.
  2. Agresividad: verbal, física, psicológica: La agresividad es una estrategia defensiva y/o ofensiva que tenemos las persones, pero tiene un coste mental y físico muy elevado tanto para la persona que la adopta como para su entorno. La verbal consiste en expresiones de menosprecio, insultos, tonos de voz amenazantes, etc. La física es la que causa daños físicos, golpes, cortes, etc. La psicológica es la que causa un estado emocional negativo y un bajo estado de ánimo en una otra persona, menosprecios, amenazas, ataques a aspectos relevantes para la otra persona, etc.
  3. Beneficios y costes de la conducta agresiva: Como estrategia la agresividad tiene el sentido de poder salir de situaciones en que nuestra integridad física y moral se ve comprometida, lo que conocemos como defensa propia. Asimismo genera un coste energético muy importante y requiere el mantenimiento de un malestar propio que es perjudicial a todos los niveles, y las consecuencias en el entorno son negativas. Se hace necesario pues valorar bien si es la única estrategia posible, ya que a menudo interpretamos como amenazantes situaciones que no lo son.

La segunda parte del artículo ¿Por qué me enfado?

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