Universitat de Barcelona

Instituto de Formación Continua

La terapia familiar breve para niños y adolescentes: el éxito de los procesos participativos.

26.04.2016

Después de 10 años de la primera edición del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar del IL3-UB, alumnos y expertos analizaron la evolución de los enfoques metodológicos de la terapia dirigida a infancia y adolescencia y los beneficios que aporta la colaboración entre los servicios sociales y las familias.


En el marco del X aniversario del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar: Infancia, Pareja y Personas Mayores, el Instituto de Formación Continua de la Universitat de Barcelona, el IL3-UB, celebró la jornada “La terapia familiar breve: tratamiento especializado de apoyo a las familias” donde se presentaron los resultados de los trabajos de investigación aplicada, realizado durante los últimos tres años por alumnos del programa, en relación con el impacto de las terapias ofrecidas por el Servicio de Tratamiento Especializado de Apoyo a las Familias de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia (DTASF) de la Generalitat de Catalunya.
 
El encuentro fue inaugurado por Ricard Calvo, director general de Atención a la Infancia y Adolescencia del DTASF, quien destacó “el valor que tiene la formación aplicada para la correcta implementación de las actuaciones para resolver situaciones de riesgo como son el desamparo y la violencia entre la población de 0 a 18 años”. Asimismo, la jornada acogió la conferencia “La intervención en terapéutica familiar: favorecemos el buen trato” a cargo de Serafín Carballo, jefe del Servicio de Infancia y Familia (SIF) del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) donde se entregaron detalles sobre cómo “una aproximación terapéutica no invasiva contribuye de manera determinante a la resolución de conflictos en el ámbito de la infancia y la familia”.
 
Aprendiendo en el terreno
 
José Manuel Alonso, director del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar del IL3-UB, explicó cómo los alumnos del programa tienen la oportunidad a través de las prácticas de confirmar in situ los desafíos a los que deben hacer frente los servicios sociales, sanitarios, educativos y jurídicos, entre otros, para asegurar una adecuada atención a la población.
 
En el caso de los trabajos presentados durante la jornada, cinco alumnas del máster dieron a conocer los resultados de la investigación realizada en el Servicio de Tratamiento Especializado de Apoyo a las Familias (STESF) de la DGAIA que tuvieron como tutora de prácticas a Conxita Vila.  La labor de las alumnas se centró en evaluar el impacto que tiene sobre la población diana del servicio, niños y adolescentes en riesgo de exclusión o violencia, la perspectiva sistémica bajo la que han estructurado los programas terapéuticos breves de este organismo.
 
Las profesionales, que tuvieron la oportunidad de realizar una profunda inmersión en los procesos y casos del STESF, detallaron en sus conclusiones que la amplitud territorial de la propuesta está permitiendo garantizar la igualdad de oportunidades de acceso a los servicios a toda la población de Catalunya, que es un programa que cuenta con un alto grado de implicación de los diferentes equipos que intervienen en las actuaciones terapéuticas, que prioriza la perspectiva preventiva, que consigue la mejora en la consolidación de los objetivos terapéuticos en la población diana, que está recibiendo una buena aceptación por parte de población y, sobre todo, que se está convirtiendo en un elemento de empoderamiento de las familias para resolver sus conflictos.
 
Tras la presentación de las conclusiones, Serafín Carballo relató su experiencia al frente de los Servicios de Infancia y Familia (SIF) del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS), entidad que ha conseguido evolucionar desde un enfoque proteccionista de la intervención psicoterapéutica de la población infantil y juvenil en situación de riesgo, hacia actuaciones que dan protagonismo al trabajo bajo el “modelo ecosistémico”,que convive con otros modelos como el psicodinámico o el cognitivo-conductual.
 
“Los niños que han pasado por experiencias traumáticas necesitan un espacio terapéutico para ‘resignificar’ dichas experiencias al tiempo que les permita un reconocimiento como víctimas y un tratamiento adecuado de las secuelas originadas por estas experiencias”, explicó el experto.
 
“Si en un inicio la terapia de familia se dirigía a los padres, ahora se enfoca más a los hijos ya que, sino, corremos el riesgo de no incidir en ellos”.
 
El programa de intervención familiar que impulsa el servicio dirigido por Carballo se centra en “la motivación positiva y segura para resolver los conflictos”. Entre las acciones que comprende está ayudar a los padres a asumir una aceptación cognitiva y emocional de sus hijos, impulsar el reconocimiento del daño producido y promover una vinculación segura de los hijos con sus progenitores. “Es clave transmitir la esperanza de que es posible mejorar las relaciones familiares y cultivar la aceptación entre padres e hijos”, confirmó el experto, haciendo hincapié que es fundamental estableceruna “alianza terapéutica” entre familias y profesionales de los servicios sociales para el éxito de este tipo de procesos que, por regla general, son capaces de alcanzar resultados en un período de entre 12 y 18 meses.
 
Ejemplo de este enfoque fue el caso presentado por Natalia Palou, psicóloga y terapeuta familiar, quien mostró el potencial de la terapia breve “no como un espacio de fiscalización, sino como una oportunidad de crecimiento personal y familiar que consigue dejar atrás el conflicto”.
 
Según comentó Palou, tras un profundo análisis con los protagonistas, que incluyó la investigación de la trayectoria de cada componente de la unidad familiar, se redefinió de manera conjunta el problema existente y se plantearon unos objetivos terapéuticos compartidos por los servicios sociales, la familia y sobre todo el los niños y adolescentes. Los beneficios de este enfoque son indudables: “Se deja de señalar a niños y adolescentes como ‘el problema’. Ahora toda la familia es parte del problema, pero también es parte de la solución. Es una oportunidad para que el hijo baje sus defensas y se abra a participar en el proceso sin sentirse juzgado”,detalló. 
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