Miguel Torres Maczassek. Director General de Bodegas Torres

“Fomentamos una estructura organizativa en la que el conocimiento, las ideas y las iniciativas circulan de manera natural por la organización”

15 julio 2015

Con tiempos que cambian a gran velocidad, Bodegas Torres ha conseguido mantener la esencia, cultura y valores de su marca, traspasándola a cada uno de los productos que ofrece y alcanzando el difícil equilibrio entre autenticidad y competitividad. Las claves, según nos detalla su CEO: respetar el ritmo pausado de la tierra, priorizar el valor de las personas y no olvidar la responsabilidad que la empresa, y en particular sus directivos, tienen con la sociedad.

¿Qué cualidad personal ha sido clave para desarrollar su trayectoria?

Sin duda la que aprendí de mi padre: la pasión por el trabajo. Tanto yo como mis hermanas hemos vivido en primera persona esa pasión, y por tanto, hoy es impensable asumir nuestras responsabilidades sin aplicarla. A ello le sumaría la implicación en los proyectos, dedicarle mucho tiempo personal a que cada una de las iniciativas que ponemos en marcha llegue a buen término.

Miguel Torres

¿Qué líder considera admirable y por qué?

Podríamos hablar de muchos líderes internacionales, pero tenemos la suerte de ser una empresa familiar y hemos visto el ejemplo de todos aquellos que han estado antes que nosotros. Personas que han pasado muchas dificultades, como nuestro fundador Jaime Torres que decidió desplazarse a Cuba, trabajó duro hasta poder invertir en un barco en el que comenzó a exportar vinos desde Barcelona y marcó el origen de nuestra bodega. También mi abuelo, Miguel Torres Carbó, quien en plena guerra civil se encontró con la bodega de Vilafranca del Penedés bombardeada, y pese a las dificultades, decidió darle continuidad a la empresa. Dos personas, con un gran sentido de su papel dentro de la sociedad, que me han demostrado que delante de las dificultades hemos de hacernos fuertes y continuar ya que tenemos una responsabilidad a nivel de territorio, a nivel sectorial y a nivel de marca país.

¿Cómo consigue volcar su pasión y vocación por el vino en cada uno de los productos que ofrece?

Es una de las tareas que más nos ilusiona. Nuestra formación familiar ha sido integral, desde la viña hasta la vertiente más comercial del negocio, así que a la hora de embarcarnos en la creación de un nuevo vino nos preocupa entender la tierra que lo dará, buscar el componente emocional que ofrecerá y decidir qué historia queremos contar con este nuevo producto. En este planteamiento, con un vino que ya sabes que te superará a ti mismo en cuanto a extensión de vida, implicamos en el negocio a todos los que trabajan con nosotros, ‘nuestra familia ampliada’, compartiendo y volcando los valores de empresa, nuestro propio ADN.

¿Y qué caracteriza el ADN de Torres?

Está basado en el valor de las personas; la ecología como elemento fundamental, ya que mientras más cuidamos la tierra mejores vinos haremos; la ética en los negocios y el comercio justo con los agricultores con los que trabajamos; nuestro deber de devolver a la sociedad lo que ésta nos da a través de proyectos dedicados a la infancia que en nada tienen que ver con el mundo del vino; la firme apuesta por la investigación y desarrollo; el estar cerca de nuestros clientes conociendo de primera mano que es lo que les transmite nuestro producto, y sin duda, en nuestra capacidad de conservar nuestra esencia de empresa familiar, una característica clave para el sector vitivinícola donde los proyectos sólo pueden ser asumidos con éxito si se tiene una visión a largo plazo que respeta el ritmo de la tierra y del propio vino.

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Torres ha sido recientemente reconocida como la bodega “más admirada del mundo” ¿Cómo participa el equipo en la construcción de una compañía “admirada” por su sector?

Contamos con los mejores perfiles profesionales del sector, por lo que este reconocimiento no hubiera sido posible sin contar con este equipo. Un equipo profundo conocedor de su trabajo, pero también con valores personales sólidos, y eso se transmite en el vino. Es un premio muy importante para nosotros, un reconocimiento al esfuerzo que hacemos en reinvertir más del 95% de nuestros beneficios en la propia bodega.

¿Cómo concilia Torres las altas exigencias de productividad y competitividad con el respeto al mundo rural y el medio ambiente?

La base es el convencimiento de que si no respetamos el entorno o las personas nuestro producto no será excelente. Nos aseguramos de entender los ritmos de la tierra, premiamos a nuestros viticultores que producen uvas mejores pagando más en base a la calidad, recuperaramos variedades que ya no se producen a través de un trabajo de arqueología viva que llevamos a cabo desde hace 30 años… Los grandes vinos que ofrecemos son el resultado de un trabajo, que por encima de todo, respeta a las personas y a la naturaleza.

¿De qué manera se consigue consolidar la cultura corporativa en todos los rincones de la organización?

La clave es tener líderes dentro de la organización que puedan transmitir de primera mano nuestros valores y que la comunicación sea fluida. Nuestro departamento de “Personas y Desarrollo” se implica en ese proceso con el directo apoyo de la familia, la que además está muy cerca del equipo con iniciativas como “La comida de los garbanzos”, una tradición que comenzó mi padre ideada para que todos los trabajadores de la empresa compartamos un momento para hablar de los temas que nos preocupan en un ambiente de confianza. Fomentamos una estructura organizativa en la que el conocimiento, las ideas y las iniciativas circulan de manera natural por la organización.

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¿A qué cambios trascendentales cree que se enfrentarán los líderes del mañana?

Hay retos que seguirán presentes, como es el caso del cambio climático, un asunto que afecta directamente a la producción del vino, que les obligará a descubrir cómo adaptar la viña a un nuevo entorno hoy inexistente. Lo cierto es que cada generación ha aportado algún avance respecto a su predecesora y para los futuros líderes el reto estará en encontrar ese camino. En nuestro caso, si la primera se centró en la exportación; la segunda apostó por la introducción de nuevos productos como el brandy; la tercera innovó con una cuestión que hoy puede parecer obvia, pero que significó un nuevo modelo de negocio para el sector como es el embotellado del vino; la cuarta, con mi padre a la cabeza, priorizó la calidad con propuestas como los vinos “Mas La Plana”, y la mía va encaminada hacia el diseño de vinos icono donde la D.O. y la esencia del producto son más importantes que el volumen que se pueda ofrecer.

En un mundo globalizado ¿Cómo podrán las empresas conocer en profundidad a múltiples perfiles de clientes cada uno con su particular realidad cultural?

Lo fundamental, entender primero la parte humana de tu consumidor para pasar después a hacer negocios. Es importante pisar el mercado, estar cerca, descubrir las oportunidades y recoger todos los inputs para después trabajarlos con tu equipo y ofrecer a tus clientes lo que verdaderamente están esperando. En la familia Torres siempre hemos sido muy abiertos al contacto con otras culturas… Mi abuelo ya lo decía: ‘Exportar es sencillo. Sólo tienes que hablar idiomas, ofrecer un buen producto y tener una maleta. No se necesita nada más’. En el día de hoy las nuevas tecnologías apoyan el desarrollo del negocio, pero la parte humana sigue siendo crucial en las empresas que quieren perdurar.

¿Qué evoluciones internas deberán implementar las compañías para estar a la altura de las nuevas exigencias de responsabilidad social corporativa?

Estamos delante de un nuevo consumidor que no sólo exige calidad en los productos, sino que quiere saber cómo están hechos. Por ello las empresas deberán impulsar iniciativas reales de responsabilidad en toda su cadena de producción –ofreciendo condiciones adecuadas a sus trabajadores, tratos justos con sus proveedores, coherencia de sus directivos en lo que se refiere al pago de impuestos– y acompañarlas de políticas de transparencia hacia la sociedad. Debemos ser conscientes de que el consumo será, cada vez más, el momento en que la persona ejerce los valores en los que cree.

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