Alicia Carmona Moreno. Experta del Máster en Enfermería Escolar del IL3-UB

Enfermera Escolar Complejo Educativo Mas Camarena y Directora del Máster en Enfermería Escolar de la Universidad Pontificia de Salamanca

La Enfermería Escolar en época de pandemia COVID-19

14 enero 2021

Gestionar una pandemia provocada por un virus desconocido hasta el momento que se transmitía por el aire ha sido muy complejo, también en el ámbito educativo. Los profesionales de Enfermería Escolar han tenido que actuar, una vez más, de intermediarios entre el ámbito sanitario – eje vertebrador de la gestión de esta situación – y del educativo – en el que confluyen por un lado los alumnos, por otro lado, sus familias y, en tercer lugar, los empleados-.

No es nada sencillo hacer ver a la población en general aspectos que los sanitarios tenemos asumidos: la importancia del lavado correcto y frecuente de manos, la ventilación de las estancias, el no toser ni estornudar al aire, el manejo de objetos de uso común, la influencia de las interacciones sociales en el aumento de contagios… Pero ahí hemos estado y seguimos estando, para hacer de un centro educativo un lugar seguro. Hablamos con Alicia Carmona Moreno, enfermera del Escolar Complejo Educativo Mas Camarena y experta del Máster en Enfermería Escolar del IL3-UB.

  1. ¿Cómo se ha adaptado la enfermería escolar a la situación actual de pandemia? ¿Cuál ha sido el proceso de creación de protocolos internos?

Durante el confinamiento los teléfonos de urgencias estaban saturados, por lo que la enfermería escolar sirvió de puente entre las familias y los recursos sanitarios cuando ellos presentaban síntomas y no sabían cómo proceder. En mi caso, llegué incluso a gestionar por correo electrónico un caso grave que precisaba asistencia hospitalaria y para el que la familia no conseguía una ambulancia, e incluso ayudé en lo que pude a Salud Pública, quienes agradecieron enormemente el gesto. Además, fuimos informando a las familias de las novedades que iban surgiendo, dando pautas de protección y prevención, y solucionando un sinfín de dudas que, si no hubiéramos estado nosotras, se habrían quedado sin contestar por la saturación del sistema de salud. Y todo ello a cualquier hora del día, incluso de noche y festivos.

Durante el confinamiento y antes que el Ministerio de Sanidad y las consejerías correspondientes dieran las directrices, ya comenzamos a plantearnos cómo sería la vuelta al colegio y cómo conseguir el nivel máximo de seguridad para toda la comunidad escolar. Empezamos a identificar, por estancias, cuáles eran los puntos calientes, los que podían entrañar riesgos, enumerando medios de protección y cómo alertar a la población. De ahí pasamos a conformar un protocolo de reincorporación del personal, así como otro para aparición de síntomas en el centro y uno último para saber cómo proceder en el caso de que nos notificaran un caso positivo.

Fue una tarea ardua, en la que fue básica la conformación de un equipo de trabajo formado por el Departamento de Enfermería como eje vertebrador, el de Recursos Humanos como responsable del personal (que más tarde serviría de punto de unión con Medicina del Trabajo) y el de Prevención de Riesgos Laborales, que ya estaba trabajando para asegurar las medidas de protección de los empleados.

Esta etapa dio pie a la creación de un documento que precisó de muchas revisiones, tantas como actualizaciones iban publicando el Ministerio y las correspondientes Consejerías.

Con todo ello enumeramos los medios materiales, humanos y formas de trabajo que precisaríamos para hacer frente a la situación, algo que pasamos a la dirección del centro educativo para su visto bueno.

Por ejemplo, diseñamos un protocolo específico para la gestión de objetos perdidos, otro para el acceso de personas al centro educativo, uno más para el procedimiento de desinfección y aislamiento a seguir en caso de presentarse un caso sospechoso o de notificarse un contacto estrecho dentro del centro. También un protocolo de acceso y ocupación de autobuses, redistribución de comedores, circulación por pasillos y patios, gestión del lavado de manos, etc. Y todo ello ajustándolo a las posibilidades logísticas y de infraestructura con las que contaba el centro educativo. Porque no hay que olvidar que las Administraciones daban pautas generales, pero luego había que adaptarlas a la realidad de cada colegio e instituto. Por ejemplo: ¿Os habéis planteado el orden a seguir en las actuaciones cuando se notifica un caso positivo en el centro? ¿Se llama primero a las familias? ¿O se aíslan a los compañeros? ¿O llamamos a Salud Pública? ¿O desinfectamos? … Esto no está explicado en ningún sitio y la visión de un sanitario in situ es fundamental para hacerlo correctamente y con garantías de éxito.

  • ¿Con qué obstáculos os habéis encontrado los profesionales de Enfermería Escolar?

No es sencillo, como se ha comentado antes: hacer que personas ajenas al ámbito sanitario asimilen conceptos y pongan en práctica conductas que nunca han tenido en cuenta por no haber sido necesario hacerlas.

En un centro como el mío donde llegamos a convivir cerca de 3.000 personas, solo el coste en geles hidroalcohólicos, termómetros, mascarillas y demás EPI conlleva varios miles de euros. A partir de ahí, se debía tener presente la contratación de más personal, la adquisición de equipos tecnológicos para hacer frente a la formación en línea en caso de confinamientos, las obras de ampliación para obtener más espacios de uso. Podéis imaginar la respuesta cada vez que se solicitaban más medios o procedimientos más exhaustivos para el control de contagios…

A los docentes, con su gran carga laboral con la que ya cuentan normalmente, imponerles horarios más saturados, limitándoles al máximo sus horas de libre disposición para preparar clases en pro de asegurar que los protocolos de higiene se mantenían, teniendo que realizar al mismo tiempo clases presenciales y conexiones online para los alumnos que estaban confinados en casa, pasar frío por tener todo abierto y no poder poner los sistemas de climatización, impidiéndoles comer en grupo con sus compañeros y hacerlo, en ocasiones, cara a una pared para evitar contagios… También podéis haceros una idea de cuán pesada suponía una nueva indicación del Departamento de Enfermería Escolar.

Por su parte, los padres de alumnos han respondido en líneas generales muy satisfactoriamente, pero aún con todas las precauciones que se podían tomar, había algunos que pretendían que fueran más exhaustivas todavía, sin tener en cuenta las limitaciones que se pueden tener en un centro educativo. Por ejemplo, en nuestro centro no disponíamos de infraestructura suficiente para permitir una distancia interpersonal entre alumnos de 2 metros en el comedor. No era logísticamente posible dar de comer en 2 horas a 2.000 personas en esas condiciones. Por ello, no tuvimos más remedio que recurrir a lo que nos ofrecía nuestra Consejería de Sanidad, que era permitir que los alumnos que pertenecían a grupos de convivencia estable, comieran todos juntos, sin separación entre ellos, a pesar de que nosotros hubiéramos querido que sí la tuvieran. Lo mismo ocurría con el transporte escolar: había padres que exigían que sus hijos no tuvieran compañeros sentados a su lado, pero eso no era viable, pues no podemos disponer del doble de flota de autobuses.

Quienes no han puesto impedimentos para la puesta en práctica de los procedimientos han sido los alumnos, especialmente los de infantil y primaria. Han sido un claro ejemplo a seguir.

  • ¿Cuáles son las claves para la correcta gestión de los protocolos de salud en la comunidad escolar?

Una medida que os recomiendo tomar es ofrecer una comunicación fluida y transparente a toda la comunidad escolar. Con ello, evitamos crear falsos rumores que corren como la pólvora, provocar falsas expectativas o creencias en cuanto a la evolución de la situación, sentir miedos infundados, dar pie a situaciones de rechazo hacia personas que han sufrido la enfermedad o se han reincorporado tras haberla padecido.

Es igual de importante diseñar un medio de comunicación entre el Departamento de Enfermería Escolar y el resto de los departamentos del centro educativo: docentes, comedores, dirección, servicio de limpieza, informática, administración… De este modo, en caso de notificarse un caso positivo o sospechoso de infección, la gestión del mismo se hace verdaderamente rápida. Por poner un ejemplo, el primer caso positivo que tuvimos que gestionar nos llevó cerca de 6 horas, entre alertar a Salud Pública, identificar a los posibles contactos estrechos, llamar a las familias de estos alumnos y proceder a su evacuación, desinfectar las estancias afectadas, poner en marcha la parte tecnológica para poder iniciar las clases online al día siguiente, dar más información a las familias de cómo gestionar la cuarentena preventiva, avisar a comedores, transporte escolar, etc. Una vez vimos los problemas con los que nos enfrentamos esa primera vez, tomamos medidas y creamos un sistema de comunicación entre el Departamento de Enfermería Escolar y los responsables del resto de departamentos, de forma que en otros casos positivos, la gestión se limitó a escasas 2 horas.

Las familias y los empleados aplauden nuestro parte semanal sobre la evolución de la pandemia en el centro, donde indicamos los casos y las clases afectadas, si ha habido aulas confinadas, si el origen ha estado en los trabajadores o en los alumnos… También aprovechamos para dar información sobre nuevas medidas que se van adoptando en el centro, recomendaciones, peticiones de responsabilidad y trabajo en equipo.

  • ¿Cómo debe ser un buen profesional de la Enfermería Escolar en época de pandemia?

Cualquier enfermera, bajo mi punto de vista, debe tener una serie de cualidades para desempeñar sus funciones de forma satisfactoria, tanto para los usuarios como para ella misma. Algunas de ellas son la empatía, la asertividad, la paciencia, el cariño, la amabilidad, dar ejemplo, etc. y así varias más. Pero lo que me ha enseñado la gestión de una pandemia de este tipo es la importancia de tener dotes de liderazgo, de toma de decisiones, de responsabilidad con su profesión, de resiliencia, transmitir tranquilidad, estar al día de las novedades, ser resolutiva y autogestionar de forma adecuada las propias emociones. No es fácil oponerse  a las decisiones de Dirección, pero hay que hacerlo cuando son contrarias a lo que se debe hacer para asegurar la protección de las personas. Tampoco es sencillo enfrentarse a opiniones de padres que pretenden dejar en evidencia tu trabajo o saber responder de forma asertiva a quejas de compañeros que no entienden por qué hay que ser tan estrictos con según qué medidas… Hay momentos en los que la presión, la incertidumbre, el pesimismo, la rabia o la preocupación llaman a nuestra puerta, pero debemos estar preparados emocional y psicológicamente para no dejarnos arrastrar por ellos y saber gestionarlos de forma eficaz. Solo así seremos capaces de contagiar esa seguridad y optimismo sin perder de vista la realidad de cada momento.

También es importante destacar que cuando una profesión lleva a cabo una intervención educativa sistemática e intencional, como en el caso de la enfermería escolar, es imprescindible desarrollar competencias pedagógicas entre sus miembros. Ésta es precisamente la voluntad del Máster en Enfermería Escolar del IL3-UB. Este programa 100% online ofrece la especialización en un ámbito con una creciente necesidad de atender a los nuevos problemas de salud de los escolares desde la cercanía y desde el conocimiento concreto del medio educativo y que no pueden ser cubiertas por padres y/o profesores únicamente.

¿Sabías que...?

El Máster en Enfermería Escolar del IL3-UB es el único programa on-line en España de Enfermería Escolar, respaldado por profesionales de reconocido prestigio del ámbito de la enfermería escolar y del mundo universitario.

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