Perla Kaliman. Docente del Máster en Intervenciones Basadas en Mindfulness

Doctora en bioquímica. Investigadora en biología molecular, profesora en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) y miembro honorario del Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin, Madison (Estados Unidos).

“La meditación cambia la expresión de nuestros genes”.

15 abril 2019

La epigenética, una ciencia emergente, revela que el estrés y, en general, nuestra forma de vida, influye en nuestros genes. Perla Kaliman, Dra. en bioquímica, nos explica desde la epigenética la importancia de aprender a gestionar el estrés.

¿De qué modo tu especialidad, la epigenética y el estilo de vida, se cuestiona la relación que tenemos con nuestro entorno?

La epigenética estudia la interacción entre los genes y el entorno en el sentido más amplio (emociones, experiencias vitales, estilo de vida…) . Uno de los mejores ejemplos para entender este concepto es el caso de los gemelos idénticos. Aunque comparten una información genética idéntica, a medida que se hacen mayores, adquieren características que los diferencian, pueden padecer enfermedades diferentes y tener una longevidad diferente. Esto se debe sobre todo al hecho de que, a lo largo de la vida, cada uno se expone a entornos, experiencias y estilos de vida particulares que dejan huellas divergentes alrededor del ADN idéntico que comparten. Durante muchos años, muchos científicos pensaron que la información genética recibida al nacer determinaba todas nuestras características. Hoy en día, gracias a la epigenética, sabemos que, en realidad, la información genética presenta un importante nivel de flexibilidad a lo largo de toda la vida. Hoy sabemos que existe un epigenoma además de un genoma.

Está claro que el ADN es nuestro principal reservorio de información genética, pero el entorno puede apagar o encender los genes, modelando su actividad. La mayor parte de las enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, cánceres, depresión, Alzheimer…) son el resultado de la interacción entre los genes y los factores del entorno. Por otra parte, las investigaciones en epigenética nos dan mucha esperanza, ya que estamos empezando a entrever que nuestro estilo de vida podría prevenir o revertir marcas epigenéticas asociadas a numerosas enfermedades.

¿Cuál es el impacto del estrés sobre nuestros genes?

Más de lo que imaginamos. La primera evidencia sobre el impacto epigenético del estrés psicosocial fue el estudio del equipo de Michael Meaney, en la universidad McGill en Montréal. Estos investigadores observaron modificaciones epigenéticas en el cerebro de roedores que no habían recibido suficientes cuidados maternales durante las dos primeras semanas de vida. En el hipocampo de estos animales (una región del cerebro importante para la memoria y la regulación emocional), el gen de receptor de glucocorticoides estaba “apagado” debido a modificaciones epigenéticas. Esto mantenía a los animales en un estado de estrés crónico ya que dicho gen es esencial para regular eficientemente la respuesta al estrés. Una observación inquietante fue que las hembras que no habían recibido buenos cuidados maternales al nacer reproducían el mismo comportamiento poco maternal con sus propias crías. No se trataba de una herencia genética, sino que una madre de adopción buena cuidadora resolvía el problema y detenía la transmisión de este comportamiento entre generaciones. También hay experimentos hechos en animales, que empiezan a demostrar que las situaciones estresantes que han sufrido los padres antes de la concepción causan cambios epigenéticos en los espermatozoides que pueden transmitirse a sus descendientes (hijos y nietos) provocándoles una menor resistencia al estrés, rasgos depresivos, y alteración de la expresión de genes en el cerebro.

En seres humanos, se han encontrado marcas epigenéticas que disminuyen la resistencia al estrés en personas que han sufrido abusos sexuales o han sido maltratados en su infancia, en descendientes de madres expuestas a la violencia (conyugal, genocidios o guerras) durante su embarazo o en descendientes de padres que han sufrido estrés postraumático antes de la concepción.

¿El estrés crónico nos hace envejecer más rápido?

El estrés crónico acelera el envejecimiento celular y ello se asocia a la mayoría de las enfermedades crónicas. En 2004, Elizabeth Blackburn (premio Nobel de medicina en 2009) y Elissa Epel, estudiaron los telómeros (extremidades de los cromosomas que protegen el ADN y que se acortan con la edad) en mujeres cuyos hijos padecían alguna enfermedad crónica. En este grupo de mujeres, la situación de gran estrés crónico se asoció a un acortamiento de los telómeros equivalente a un envejecimiento acelerado de entre 9 y 17 años.

Otro método muy preciso para medir la edad biológica es el “reloj epigénético”, que determina la edad en función de los niveles de metilación de sitios específicos en el ADN. El tic-tac de este reloj se acelera con el estrés en adultos, pero también en niños. Por ejemplo, en los adolescentes que han crecido en un entorno familiar depresivo o han sido expuestos a violencia.

Se presenta la meditación como uno de los mejores remedios para el estrés. ¿Sus efectos son visibles en nuestros genes?

La reducción del estrés es uno de los efectos de la meditación más documentados científicamente. Pero ahora mismo se empiezan a conocer sus mecanismos y sus posibles beneficios a nivel molecular. Por ejemplo, el envejecimiento celular parece ralentizarse con la práctica regular de la meditación. Uno de nuestros últimos estudios, liderado por Clifford Saron en la Universidad de California, en Davis, muestra un aumento de la longitud telomérica y cambios en más de 20 genes que regulan los telómeros en respuesta a un retiro de meditación de tres semanas.

Muy recientemente, en colaboración con Raphaëlle Chaix, Antoine Lutz y Richard Davidson también analizamos el “reloj epigenético” en meditadores con una experiencia de al menos 5 años de práctica diaria de aproximadamente 30 minutos por día. Observamos que el tic-tac de este reloj se ralentiza de forma proporcional a la cantidad de años de práctica de meditación diaria. También hemos observado en meditadores expertos cambios epigenéticos muy rápidos similares a los que permitieron revertir el trauma adquirido en las primeras semanas de vida en el estudio de Meaney que antes mencioné. Asimismo, observamos que los meditadores expertos presentan una disminución rápida de la expresión de genes de inflamación en respuesta a la práctica. La inflamación crónica y la aceleración del envejecimiento celular son dos mecanismos asociados a la mayoría de las enfermedades crónicas, por ello las intervenciones basadas en meditación podrían ser especialmente interesantes en la promoción de un envejecimiento saludable.

¿Cuáles son tus proyectos actuales?

En relación a lo que antes comentaba, el estudio Silver Santé Study que estamos realizando en colaboración con varios países europeos, tiene como objetivo central investigar la eficacia de la meditación sobre el envejecimiento, la calidad de vida, la salud mental y los factores de riesgo y marcadores de la enfermedad de Alzheimer.  Es un proyecto financiado por el programa de salud europeo Horizon 2020 y está coordinado por la neurocientífica Gaël Chételat, con base en Caen, Francia. Los participantes son meditadores expertos y público general mayores de 65 años, y también personas con deterioro cognitivo. Sin embargo, muchas enfermedades en los adultos deben ser vistas como trastornos que comienzan en la infancia y que podrían prevenirse aliviando el estrés crónico lo antes posible, a edades tempranas. Las experiencias adversas durante la infancia pueden tener un impacto negativo sobre la salud mental y física que se extiende a la edad adulta. Entre los estudios que estamos realizando, uno me parece particularmente importante. Nos proponemos analizar si una intervención basada en la atención plena puede revertir cambios epigenéticos adquiridos en la infancia a raíz de experiencias adversas. Espero que los descubrimientos ya plasmados en miles de estudios científicos y los resultados de las investigaciones que actualmente estamos realizando puedan ayudar en un futuro no muy lejano a promover el bienestar y la salud en adultos y niños. Los beneficios quizás nos trasciendan y alcancen a futuras generaciones.

 

Perla Kaliman es autora del libro “La ciencia de la Meditación: de la mente a los genes” de la Editorial Kairos.

Publicación relacionada:“El impacto de los genes y el ambiente en nuestra capacidad para aprender”. David Bueno i Torrens.

¿Sabías que...?

Tal y como nos explica Perla Kaliman, existe evidencia científica de que la práctica constante de Mindfulness provoca cambios cerebrales que afectan a la memoria y a la concentración de la persona, que producen mejoras tanto a nivel personal como profesional. El Máster en Intervenciones Basadas en Mindfulness del IL3-UB es un programa profesionalizador y 100% práctico.

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