José Luis Medina Moya. Director del Máster en Enfermería Escolar

Enfermero. Licenciado en Pedagogía. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Profesor titular de universidad. Departamento de Didáctica y Organización Educativa, facultad de Pedagogía (UB). Coordinador del programa de doctorado Diversidad y Cambio en Educación de la UB.

La naturaleza social de la salud y su reconocimiento profesional

17 abril 2013

“Todos en mayor o menor medida queremos hacer algo de alguien, pero no siempre entendemos demasiado bien cómo es que el algo y el alguien no son exactamente lo mismo e ignoramos que esa confusión nos condena, pese a toda la voluntad que queramos desplegar, al fracaso.”

Philippe Mirieu

Fragmento del artículo “Imágenes del otro. A propósito del sujeto destinatario de las prácticas de Educación para la Salud.” publicado en Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria (Vol. 5 – nº 2 julio-diciembre 2012).

La sensibilidad fenomenológica que debería teñir cualquier práctica de Educación para Salud se deriva de la crítica a la pretendida universalidad, ahistoricidad, objetividad y neutralidad del saber sanitario. Hoy en día, gracias a la Antropología Cultural, se acepta que las ideas y nociones existentes acerca de los fenómenos de salud y enfermedad son construcciones sociales antes que descripciones objetivas de realidades externas e independientes de las personas. Por esta razón es prácticamente imposible (y quizás innecesario) llegar a una definición unánime de salud o de enfermedad.

No puede existir una definición universal de los supuestos teóricos y empíricos que denotan la salud porque tal concepción está determinada por múltiples factores, que lejos de ser consustanciales al ser humano, son, en realidad, constructos sociales y culturales, que adquirimos inadvertidamente del contexto en el que vivimos durante el proceso de socialización. Ideas aparentemente tan desligadas de la salud como son la autoimagen, la imagen que se tiene del propio grupo y su relación con otros grupos, el lenguaje o la idea que se tenga acerca del ser humano son de capital importancia a la hora de valorarla.

Estos conceptos junto con muchos otros se transmiten durante el proceso de enculturación o socialización: un proceso inconsciente de transmisión y asimilación y que condiciona nuestra percepción y construcción del mundo que nos rodea. Este proceso lleva pareja la tendencia a definir nuestras ideas, valores y actitudes como las únicas posibles, naturales y las mejores ignorando o menospreciado las de otros grupos, es decir, una postura etnocéntrica cuyas intervenciones suelen deparar resultados poco deseables.

Por ejemplo, en las regiones andinas existe una forma comunitaria de trabajo denominada “la minga”. Se trata de una forma colaborativa en la que los miembros de la comunidad abandonan sus tareas habituales para dedicarse a un trabajo de interés comunitario: una escuela, un camino, el “raleo de la ahípa” (eliminar flores para que crezca el tubérculo). No se recurre a organismos oficiales y es una actividad no remunerada con dinero. La minga es una fiesta, en ella, a través de la creación del objeto, la comunidad se consolida, fortalece sus vínculos y se re-crea. Lo que para un observador externo no serían sino “pobres indios” (detectan todos los indicadores occidentales de pobreza) no carecen de nada pues saben, quieren y pueden poner los medios para satisfacer la carencia que ellos mismos identificaron.

Una bienintencionada y voluntariosa ONG eligió un valle ecuatoriano para experimentar algunas nuevas técnicas en su lucha contra la pobreza y la búsqueda del desarrollo comunitario con el fin de ayudar a esos pobres indios que trabajaban todo el día sin descanso y sin salario. Repartió un salario de manera “gratuita” a todos aquéllos que participaron en la minga. Evidentemente los indios identificaron el salario como pago por su labor (ya no co-laboración). Cuando esa generosa ayuda se dejó de prestar ningún indio quiso ya volver a ninguna minga en la que no hubiera salario. La escuela quedó sin acabar, la miseria y la esclavitud al salario se impusieron donde antes reinaba una sabia y ancestral estructura comunal solidaria.

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2 Comentarios

Muy interesante estudio y articulo. El interés por el dinero y de que cada trabajado se debe hacer siempre esperando algo a cambio parece haber llevado a perder en muchos casos valores importantes que en muchos casos parece que nos hemos olvidado en nuestra sociedad.

muchas veces tenemos posturas y ideas sobre ciertos grupos o culturas que pueden estar equivocadas, por encerrarnos en nuestras ideas como dice mas arriba, exelente articulo

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