Los plásticos y la nueva economía circular

11 marzo 2020

No son buenos tiempos para el plástico. En 2018, la producción mundial de plásticos alcanzó casi las 360 millones de toneladas, una cifra que se ha puesto en entredicho desde la sociedad a consecuencia de su impacto negativo en el medioambiente. De hecho, según datos de la patronal continental del sector, Plastics Europe, en Europa hubo una ligera disminución en la producción de plásticos pasando de las de 64,4 millones de toneladas de 2017 a las 61,8 millones de toneladas en 2018. Por el contrario, desde 2006, la cantidad de residuos plásticos reciclados se ha duplicado.

La industria europea de los plásticos está muy comprometida con acelerar su transformación hacia una economía más circular y eficiente en el uso de los recursos. Las nuevas regulaciones en el sector añaden presión al desafío que ya tienen las más de 4.000 empresas del ecosistema del plástico en España. Un sector que genera más de 120.000 empleos y tiene un volumen de negocio de 30.000 millones de euros, tal y como detalla la Asociación Española de Industriales de Plásticos (Anaip).

Trece Estados miembros de la Unión Europea (UE), entre ellos España, junto a 90 empresas y asociaciones suscribieron el pasado 6 de marzo el Pacto Europeo de los Plásticos para acelerar la transición hacia una economía circular del sector. El pacto tiene como objetivo que, para 2025, todos los envases y productos de plástico de un solo uso comercializables se diseñen para ser reutilizables. Además, en todos los casos, deben ser reciclables.

El acuerdo persigue, además, reducir el peso del plástico empleado en los embalajes, aumentar la capacidad de recogida, clasificación y reciclaje de plásticos de un solo uso al menos en un 25% y fomentar que las empresas utilicen al menos un 30% de plástico reciclado, en peso, en sus envases de ese material.

El pacto, promovido por Francia y Holanda, está inspirado en el trabajo sobre la Nueva Economía de los Plásticos de la Fundación Ellen MacArthur en colaboración con WRAP (Waste and Resources Action Programme), ayudando a avanzar en los esfuerzos mundiales para combatir la contaminación por plástico y es una muestra más del nacimiento de una nueva economía, la economía circular.

La economía de la valorización

Según señala la Fundación para la Economía Circular, este nuevo modelo de desarrollo se define como “un renovado sistema económico y social que tiene como objetivo la producción de bienes y servicios al tiempo que reduce el consumo y el desperdicio de materias primas, agua y fuentes de energía”. Es un modelo que prima el aprovechamiento de recursos y la reducción de las materias primas. Este sistema se convierte así en una alternativa al actual modelo de extracción, producción, consumo y eliminación, el modelo económico lineal.

Esta compleja evolución se resume en el concepto de las 7Rs: rediseñar, introducir la ecología en el diseño para fabricar productos teniendo en cuenta al medioambiente; reducir, disminuir la cantidad de productos que se consumen y que se generan; reutilizar, dar nueva vida a productos para alargar su vida útil; reparar, si se estropea no desechar, sino intentar que los productos vuelvan a desarrollar sus funciones originales; renovar, actualizar objetos antiguos para alargar su uso; recuperar, recoger materiales que ya han sido usados para reintroducirlos en el proceso productivo, y reciclar, es decir reintroducir residuos que ya han sido usados en los procesos de producción de manera que sirvan como materia prima para otros productos.

En este nuevo sistema productivo, económico y social, el cambio cultural es un eje fundamental. La tecnología y la técnica están a disposición de las empresas para comenzar a diseñar la revolución de los procesos. La información está al alcance de las personas para ejercer un consumo responsable. Pero sin un sentido de urgencia, y sin una verdadera gestión del cambio en relación a los hábitos de producción y de consumo, la batalla de la sostenibilidad está perdida. Empresas y ciudadanos han de apostar, desde su conciencia personal y colectiva, por la economía circular.

Pequeñas empresas, grandes innovaciones

Las grandes corporaciones están incorporando con grandes esfuerzos el concepto de economía circular en sus productos. La complejidad que tiene hacer evolucionar el producto hacia un modelo sostenible tiene que ver con el rediseño global del proceso de producción, un tema no menor. Entre tanto, nacen pequeñas marcas con una vocación claramente sostenible y a la vez con una fuerte implicación en la labor de educar al consumidor.

Un ejemplo interesante es Bubble Buddy de Foekje Fleur, una marca de jabones y jaboneras, 100% recicladas. Además de los materiales, que provienen de usos anteriores, y por lo tanto promueven la economía circular, en sus packagins aportan una información de gran utilidad. Dan consejos para utilizar el jabón en pastilla en todas sus posibilidades, más allá de lavarse las manos o el cuerpo, se puede utilizar incluso para lavar la ropa. Tal como nos explican en su envoltorio, utilizando pastillas de jabón evitamos el uso de plástico en jabones, geles y detergentes líquidos.

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