Betzy Martínez. Ex alumna del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar: Infancia, Pareja y Personas Mayores.

Directora de la Fundación Sé Valiente. Desde hace más de 10 años se ha dedicado a ser facilitadora de cambios en Colombia.

“Si educamos a la mujer estamos educando una familia, por lo que debemos empoderar a la primera”

11 junio 2018

Entrevistamos a Betzy Martínez, ex alumna del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar: Infancia, Pareja y Personas Mayores IL3-UB. 

Se presenta como la hija de Samuel y de Berta, la esposa de Jimmy, la mamá de Natalia, de Luisa, de Angie, y de Fernando Luis. Suegra de Luis y abuela de Gabriel.

Estudió derecho por obligación y el Máster por convicción. De hecho, tiene un amplio currículum como Abogada de la Universidad del Norte de Barranquilla (Colombia), Postgrado en detección e intervención de la violencia familiar, estudios en Alta Dirección en Gestión y Liderazgo Estratégico, Negociación y Gerencia de la Universidad de los Andes.  Diplomada en Psicología Transpersonal, consultora empresarial en temas de mercadeo, ventas y relaciones públicas. Fue miembro de la mesa interinstitucional de la Gobernación del Atlántico para la prevención de la violencia contra la mujer, con amplia experiencia en manejo de grupos, gestora de los talleres “Conciencia Femenina y Liderazgo construyendo-me y construyendo-me”, “Conciencia Ciudadana y Liderazgo Construyendo-me y Construyendo-nos”, “Únete al Cuento” y “Salte del Rollo”. Certificada en Conciencia Femenina y Liderazgo, Universidad de los Andes. Especializada en temas de Infancia y Adolescencia: Derecho y Políticas Públicas y en Coaching Ejecutivo por la Universidad del Norte de Barranquilla.  COACH personal.

¿Nos puedes explicar brevemente tu trayectoria profesional?

Estudié Derecho, aunque quería ser misionera. Debí estudiar medicina, pero mi mamá me convenció que a mi “me daba miedo la sangre”. Terminé cumpliendo las expectativas de todos. No fui misionera porque las personas que sacábamos buenas notas y éramos “inteligentes”, no podíamos “desperdiciar” dos o tres años de nuestra vida “en eso”, por lo tanto me dedique a ser “exitosa”.

Trabajé como banquera, en el área de mercadeo, comercial y de comunicaciones, hasta que en el año 2004 cuando iba a cumplir 40 años, haciendo un ejercicio de planificación estratégica para la empresa con la que trabajaba, me encontré preguntándome: ¿Y yo qué?  ¿Para dónde voy? ¿Dónde voy a estar en 5 años, en 10 años? ¿Cuáles son mis fortalezas? ¿Soy feliz? Entonces renuncié para recuperar mis sueños. En este proceso de reconstruirme, asesorando a empresas en temas de Relaciones Públicas y Mercadeo, mi hija mayor que cursaba noveno semestre de psicología, me contó que había sido abusada sexualmente en la infancia. En ese momento mi vida dio un giro dolorosamente inesperado.

Desde la Fundación Se Valiente apoya a víctimas de violencia y abusos a romper el silencio: ¿Cómo nació la iniciativa?

Nace a partir de la pregunta más importante que me hizo Natalia: ¿Mamá, qué vamos a hacer para que no se repita?

Después que mi hija me contó, comienzo un largo camino. Hago conciencia de lo poco que sabíamos sobre el tema, de los paradigmas, de lo arraigado de aquello de que “los trapos sucios se lavan en casa”, “que son cosas que solo pasan en los estratos socio económicos bajos”, me di cuenta que los periódicos solo le dan importancia a los casos que tienen que ver con familias “importantes”, me di cuenta que muchas mamás, que muchas familias sufrían como estaba sufriendo yo, como sufrían mis hijos, pero esas familias no contaban con los recursos emocionales ni económicos que les permitiera enfrentarse a una situación como esta. Lo más dramático es que me di cuenta de lo imperfecta que era la ley, del ineficiente sistema judicial colombiano. Nosotros no éramos parte de las estadísticas, lo teníamos todo resuelto, los psiquiatras, los psicólogos, los abogados, teníamos una red que nos sostenía; las otras víctimas no tenían dinero ni para el transporte que les facilitara ir a poner una denuncia, no sabían dónde acudir, a quién acudir, las entidades prestadoras del servicio de salud otorgaban las citas con los psicólogos, para tres y cuatro meses después de haber hecho la denuncia.

Muchas de mis amigas habían sido abusadas, nunca lo contaron, todos tuvimos al frente las graves consecuencias del abuso, pero no estábamos entrenados para reconocer el problema, solo vimos a la drogadicta, la promiscua, el fracaso escolar, el novio maltratador, el embarazo adolescente, reconocer esta realidad me hizo pensar en que diferente hubiera sido todo si los maestros hubiesen estado mejor entrenados, si los psicólogos hubiesen estado mejor entrenados, si las familias hubieran contado con más información, cuanto dolor hubiéramos evitado.

Mi denuncia pública, gritar que la víctima no era culpable, que el silencio y la culpa debían quedar en cabeza del delincuente, que mostrar el rostro del abusador era una obligación con la sociedad y la única forma de protegernos, hizo que se me acercaran mujeres en el supermercado, en mi clase de yoga, en el centro comercial, para contarme su experiencia; recibía correos de hombres y mujeres que esperaban que yo tuviera una respuesta, que yo les dijera que hacer. Me di cuenta que tenía la obligación de prepararme si quería impulsar los cambios que las victimas necesitaban, pase de la queja a la acción y del dolor al servicio. Con el apoyo y el impulso de mi esposo, renuncié a todo y volví a estudiar.

¿Cuáles son los objetivos principales que se trabajan en la Fundación Se Valiente?

Que las personas entiendan que cada quien decide qué hacer con su historia y cómo la cuenta. Por muy simple que parezca, el objetivo principal es contar que uno vuelva a reír, a soñar y a tener ilusiones, frecuentemente lo único que quiere saber una mamá, una joven, un joven es que va a sobrevivir.

Trabajar para eliminar las causas que permiten y propician el maltrato, impulsando procesos e iniciativas públicas y privadas para prevenirlo. Aplicamos,  parafraseando al Dr. Antonio Andrés Pueyo, que cuando hablamos de “La violencia infantil: todo lo que no es prevención es llegar tarde. Somos facilitadores de cambios y transformación social”. Apoyamos a las víctimas de maltrato, les mostramos las rutas, las acompañamos en el proceso de la denuncia.

En Colombia en el último año la violencia sexual aumentó cerca de un 9,2% y del total un 80% de las agresiones fueron contra menores de edad. Lo que preocupa en el caso de los menores es que en el 90% de los casos la violencia se genera en el núcleo familiar y denunciar es muy complicado para el menor. Hemos sabido que alrededor de 122 niños son abusados cada día en Colombia: ¿Qué medidas hay que tomar para disminuir esas cifras y prevenir la violencia contra los menores?

Debemos mejorar la coordinación institucional, lograr un sistema unificado de datos, que la información esté completa, disponible y desagregada, para que las autoridades tomen decisiones inteligentes y coordinadas. Tenemos que evitar los subregistros.

Que las instituciones conozcan las normas, que sean más eficaces, cercanas y amigables. Necesitamos funcionarios públicos sensibilizados y entrenados apropiadamente.

Fortalecer las instituciones que imparten justicia, tenemos que acabar con la impunidad y la revictimización.

Tenemos que fortalecer a las familias para que cuiden y protejan a los niños.

Exigir que se cumpla la ley. El marco jurídico Colombiano es robusto, hemos firmado los acuerdos internacionales, los derechos de los niños y las niñas prevalecen por mandato constitucional, pero tristemente la ley es letra muerta, con más frecuencia de lo que queremos admitir. Ya es hora de cumplirle a la niñez lo escrito en el papel”. (Cito la frase del documento LA NIÑEZ NO DA ESPERA, iniciativa de las 100 organizaciones de la sociedad civil en Colombia.)

¿Cómo ves el panorama a futuro (en Colombia) respecto al tema de la violencia familiar?

La violencia en Colombia está enquistada en lo cotidiano, en la forma en que nos relacionamos, en la forma en que resolvemos los conflictos. Disminuir la violencia intrafamiliar requiere que trabajemos los modelos mentales que la permiten y propician, en educar en formas alternativas de resolución de conflictos, en disminuir la brecha social.

La relación entre la pobreza y la violencia es innegable, el estrés económico y la falta de oportunidades son detonantes, un ejemplo claro es que el 74% de las madres adolescentes son jóvenes de los niveles 1 y 2 del SISBEN, es decir la población más vulnerable del país.

En 2015 se registraron 6.045 partos de niñas de entre 10 y 14 años. De ellas, el 82,7% pertenecen al régimen subsidiado o no tienen ningún tipo de seguro. El 76,3% de las mujeres adolescentes con hijo o en embarazo señalan no estar asistiendo al sistema escolar. Solo el 39,1% de las madres adolescentes entre 17-19 años, reportan haber terminado el bachillerato. El resumen de este panorama es la perpetuación de la violencia, niñas educando niños, que no logran romper el círculo.

En Colombia, cada día hay 332 denuncias por violencia intrafamiliar, la mayoría de ellas ocurrieron en la residencia de la víctima,  el 40,5% de las agresiones suceden entre esposos y parejas sentimentales, parece increíble pero uno de los días en que se presentan más agresiones contra la mujer y casos de violencia intrafamiliar es el día de las madres.

La familia debe hacerse responsable de los seres humanos que produce, y en un país como el nuestro donde la mujer es la cuidadora por excelencia, donde  apenas la mitad de los hogares tiene a los dos padres, en ciudades con Barranquilla el 56% de las madres son cabeza de hogar, es imperante trabajar en la mujer, porque si educamos a la mujer estamos educando una familia,  por lo que debemos empoderar a la primera, gran influenciadora del niño y la niña, su madre.

¿Cómo crees que el machismo favorece el tabú social que existe en Colombia (y en Latinoamérica) respecto a este tema?

Yo he cambiado un poco mi visión del tema, hoy prefiero hablar de empoderar mujeres que de machismo, al fin y al cabo somos nosotras y los modelos que les transmitimos a nuestros hijos varones lo que los hace libres o esclavos de la historia familiar y la cultura. ¿Qué decimos a nuestros hijos? “Todos los hombres son iguales”, “eres igualito a tu papá”, ante esa afirmación contundente de la madre, desde mi mapa, una condena, me he preguntado muchas veces: ¿Para qué el varón hace el esfuerzo de cambiar si ya su mamá le ha asegurado que no lo va a lograr? ¿Para qué mi hija hace el esfuerzo de buscar un compañero sano si todos los hombres son iguales? Son simples preguntas.

La mujer debe ser dueña de su cuerpo físico, espiritual y emocional, su fortaleza interior, se debe ver reflejada en la capacidad de tomar decisiones sanas para ella, su familia y la sociedad, una mujer empoderada emocionalmente tendrá control de su cuerpo y decidirá cuando embarazarse, una mujer empoderada emocionalmente dirá no al maltrato, una mujer empoderada emocionalmente tendrá fuerza para luchar por sus derechos y ejercerlos adecuadamente. Hoy prefiero hablar de empoderar mujeres que de machismo, en Barranquilla donde vivo el 56% de las madres son cabeza de hogar. ¿A quién educo? A la mujer. ¿Quién educa? La mujer.

¿Por qué elegiste el Máster en Violencia familiar de IL3-UB?

Porque me daba una visión integral del tema de la violencia, no estaba dirigido a psicólogos, yo era abogada. La gran fortaleza de este programa es que tiene el rigor académico, la profundidad que exige un experto, pero la simpleza, por decirlo de alguna forma, que hace que cualquier persona que tenga el interés, la disciplina de estudio consiga entender la problemática y salir con herramientas claras para aplicar lo aprendido, para aportar las soluciones.

¿En qué te ha ayudado el máster en tu desarrollo profesional? Y personal?

Logré concretar mi sueño inicial de servir. Conseguí diseñar dos programas, uno para hombres y otro para mujeres, con los que he recorrido Colombia haciendo prevención de violencia contra la mujer, los niños y las niñas, contratada por algunas de las empresas más grandes del país, con el dinero que pagan por mis conferencias he logrado subsidiar mi trabajo comunitario. Hace tres años fui invitada por Marta Lucía Ramírez, ex ministra de Defensa y próximamente primera Vicepresidente de Colombia, a participar en el proyecto “Millones de Mujeres Empoderadas” de la Fundación Ciudadanía en Acción con el apoyo de la Fundación Hanns Seidel. La he apoyado durante toda la campaña en sus iniciativas para el abordaje de la problemática de la mujer y la infancia.

Personalmente he aprendido a reconocerme en otras mujeres, en sus dolores, sus miedos, sus alegrías, y en sus angustias, he aprendido que no existen barreras cuando las mujeres nos empecinamos en cumplir un sueño o en proteger a un hijo, y sobretodo que los privilegios solo nos dan responsabilidades.

¿Qué ventajas aporta al profesional el enfoque integral del máster?

¿Ventajas? Todas. Comenzando por lo enriquecedor que resulta contar con la mirada de las situaciones de violencia desde diferentes saberes y entenderes. Nos lleva a reflexionar, más allá de la profesión que hayamos escogido, del trabajo que realicemos, que tenemos que ponernos de acuerdo en el abordaje del problema.

Escuchar la opinión del educador, del psicólogo, del abogado, de la fotógrafa, expande la conciencia y nos abre el mundo. En mi promoción fue fascinante ver la fuerza y la contundencia del vídeo, trabajo final de grado, de nuestra compañera fotógrafa, esas imágenes se me quedaron grabadas, cada vez que lo recuerdo pienso en aquello de que una imagen vale más que mil palabras.

¿Sabías que...?

Betzy es ex alumna del Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar. Este máster se basa en la convicción de que para afrontar este fenómeno es necesario contar con profesionales que dispongan de una formación adecuada y de una visión multidisciplinar de la violencia familiar. La capacidad de análisis y detección debe ir seguida de una capacidad de actuación, de modo que se garanticen unas intervenciones comunes y específicas sobre la prevención, la detección y el tratamiento de la violencia hacia la infancia, la pareja y las personas mayores.

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