Francesco Tonucci.

Pensador, psicopedagagogo y dibujante italiano.

“La violencia existe, pero existe dentro de casa, no en la calle”.

10 mayo 2018

Segunda parte de la entrevista a Francesco Tonucci, también conocido por el seudónimo “Frato“. Pensador, psicopedagogo y dibujante italiano. Autor de numerosos libros sobre el papel de los niños en el ecosistema urbano y de artículos en revistas italianas y extranjeras.

Usted, reivindica que “el niño tiene derecho a desarrollar de modo completo su propia personalidad”. A día de hoy, ¿cuáles son los factores que más amenazan estos derechos?

En 1989 con la Convención Sobre los Derechos de los Niños, cambió jurídicamente la relación entre nosotros, la sociedad y la infancia. Se reconoció la ciudadanía de los niños que, hasta ese momento, se consideraban futuros ciudadanos. Futuros ciudadanos en el sentido que nosotros, los adultos, teníamos que ayudarlos a llegar a ser como nosotros. Si lo pensamos bien es un proyecto educativo muy conservador, ya que el modelo de mañana era el hoy, que sería el ayer. El maestro se ponía como modelo de los alumnos y los padres de los hijos.
Con la convención, teóricamente, terminaba esta temporada y empezaba un tiempo nuevo en el que había ciudadanos pequeños. El tema es que esta convención, no la conoce nadie. Yo en mis conferencias pido que levante la mano quien sepa cuál es el artículo que defiende por ejemplo la escuela o el juego y no se levanta ni una mano. Y son personas del ámbito de la educación, de administración, son personas que vienen a escuchar mis conferencias, con lo cual no son personas cualquiera, son personas que por lo menos están dispuestas a perder una hora para escucharme y aun así no lo saben. Voy a citar dos artículos para no hacerlo muy largo… uno es el artículo 3, que dice que el interés del niño siempre hay que considerarlo superior. Esto ya cambia toda la relación con ellos, es decir, cada vez que hay un conflicto entre niños y otros, deberían ganar los niños. Y esto lo dice la ley española, no lo dice una filosofía o una persona que se dedica a la educación. Lo dice una ley de un nivel más alto que las leyes ordinarias. Cuando un niño nace, no gana el niño, gana el trabajo. Su mamá tiene que dejar a su hijo para volver al trabajo porque su contrato de trabajo dice cuatro meses, o tres meses de baja maternal. El niño la necesita, debería ganar el niño. Esto significa que tendremos que pensar el trabajo adaptándolo a las necesidades del niño pequeño, para que sus padres puedan modificar su trabajo y no la vida del niño. Esto es lo que dice la ley.
El otro es el artículo 12, que es impresionante, dice que los niños tienen derecho a expresar su opinión cada vez que se tomen decisiones que los afectan. Y hay que tener en cuenta las opiniones de los niños. Esto ni lo tenemos nosotros, los adultos. Que yo sepa no hay una ley que diga que no se pueden tomar decisiones sin consultarnos. Sin embargo no se pueden tomar decisiones que afecten al niño sin tener en cuenta lo que piensen los niños.
Pensad en lo que ocurre en las escuelas, donde se toman solo decisiones que afectan a los niños. Que yo sepa no se acostumbra a consultar a los alumnos. Ni en las ciudades, ni en las familias.

¿Una ciudad diseñada basándose en las necesidades de los niños es una ciudad segura?

Yo sigo pensando que tenemos que favorecer el encuentro de los niños entre ellos, la presencia de los niños en los espacios públicos, porque los niños nos obligan a nosotros, los adultos, a hacernos cargo. Nosotros no dejamos salir de casa a un niño porque pensamos que la calle es peligrosa. La calle es peligrosa porque no hay niños. Si los niños volvieran a vivir en la calle, la calle volvería a ser segura porque los niños obligan a asumir responsabilidad. Y claro que un ambiente social donde hay gente preocupada y dispuesta a hacerse cargo, es un lugar inadecuado para los delincuentes. Dentro de esta realidad, los niños tendrían una relación, por ejemplo, en temas de violencia contra los niños, de culturas distintas, que tienen actitudes distintas, no digo que sea una solución, pero sí un acercamiento por el hecho de que los niños puedan frecuentarse entre ellos. Actualmente pensamos que la integración entre culturas tiene un lugar privilegiado en la escuela, el tema es que en la escuela los nuestros serán siempre mejor que otros mejor que los pobres, los gitanos, los extranjeros… Pero si vivieran también la experiencia de la calle como lugar de encuentro, allí son mejor ellos. Mejor en el sentido de que saben más, tienen más autonomía, así que podrían ser maestros de nuestros hijos. En este intercambio, las familias tendrían más dificultad de pelearse entre ellos teniendo hijos que son amigos.

¿Qué cambiaría?
Por ejemplo, el conflicto con los coches, para los niños pequeños es un conflicto profundo. Hay ciudades que han escuchado esta necesidad y han empezado una política para devolver el espacio público a la gente. Actualmente el espacio público de la ciudad es de los coches, que significa que está privatizado. La mayoría de los ciudadanos no pueden aprovechar el espacio público. Esto es una falta de democracia. Una ciudad que se mueva con esta actitud de decir, primero, el espacio público es un servicio público, como la salud y la educación y, probablemente, de entre los tres, es lo que compete más a la administración local. Una de las frases más tristes que yo escuché es “mi abuela no sale más de casa porque el semáforo no le da el tiempo suficiente para cruzar la calle”. Esto es una de las denuncias más duras que yo escuché contra la ciudad. Una ciudad que tiene demasiada prisa y no permite dejar el tiempo suficiente para que se pueda cruzar la calle.

¿Qué acciones deben tomarse para detectar, prevenir e intervenir en situaciones de castigos físicos o abusos?

La violencia existe, pero existe dentro de casa, no en la calle. Tanto contra los niños como contra las mujeres. Pero no se permite dejar a los niños salir de casa e ir a la escuela con los amigos y sin adultos porque pensamos que la violencia está esperando detrás de un rincón, y no es verdad. A las familias les diría lo que he dicho hasta ahora, que confíen más en sus hijos. Los niños son mucho más capaces de lo que pensamos. Esto es uno de los aspectos más tristes que yo encuentro en nuestros debates, cuando se habla de la autonomía de los niños. La idea que muchos padres tienen de tener hijos incapaces, hijos tontos. Cuando dicen “yo de pequeño sí podía salir y tal, pero esto no es para mi hijo”. “Mi hijo se tira delante del primer coche que encuentre”, significa que mi hijo es tonto. Y no es así, eso no es nunca así. En muchas ciudades todos los días miles de niños salen de casa, saludan a sus padres y van a la escuela. Y en diez años, o más, no ha ocurrido nada.

¿Qué recomendaría a los profesionales interesados en desarrollar su línea pedagógica?

Nosotros seguimos trabajando en dos ejes, que sigo considerando los pasos más interesantes. El primero es dar la palabra a los niños, es decir, crear momentos en los cuales niños representantes que nosotros seleccionamos por sorteo, de manera que se pierda todo el aspecto político aparente de los adultos como la campaña, el que se lo merece más, el futuro político… todo esto no. Son niños que representan a otros niños por casualidad. Y los niños se dan cuenta de que no teniendo mérito para estar allí, tienen que merecerlo. Es muy interesante. Con lo cual, por un lado, el primer eje consiste en fomentar que los niños aconsejen a los adultos de los cambios necesarios para que este ambiente vuelva a ser mejor de lo que es ahora con respecto a la necesidad de los niños. Esto también puede valer para intervenciones en el arreglo urbanístico donde se pueden crear grupos de niños que trabajen con arquitectos, botánicos, depende de lo que haya que hacer, para que su manera de pensar la ciudad pueda entrar también en la experiencia concreta de hacer cosas. Y el otro eje consistiría en devolver a los niños su autonomía. Yo sigo pensando que si conseguimos de nuevo que los niños salgan de casa, se encuentren entre ellos y puedan vivir la experiencia del juego, se solucionarían muchas cosas.

 

No te pierdas también también la primera parte de la entrevista.

 

¿Sabías que...?

Estas temáticas se trabajan en el Máster en Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar que ofrece los elementos conceptuales y prácticos necesarios para el análisis y abordaje de la violencia familiar desde diversos ámbitos –social, psicológico, sanitario, educativo, de seguridad y jurídico– para poder contribuir a la disminución del número de casos, a una mejor prevención y detección, y poder asegurar una ayuda eficaz en los casos en que el problema ya se haya producido.

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